El deseo se reduce a una caricatura si se lo pretende
domesticado a los discursos y las instituciones. Concebirlo obediente del orden
establecido no se corresponde ni con la enseñanza lacaniana ni tampoco con una
voluntad emancipatoria. Pero ese deseo del que hablamos no es sin ese orden, no
es una estocada esquizoide, providencial, por fuera del discurso.
Entonces ¿cómo clasificarlo? Cuando el deseo de
saber no encuentra su lugar ni solamente en la política, ni únicamente en las
instituciones lacanianas, ni exclusivamente en la universidad, exige la
invención.
Pero, como sabemos, el deseo no es ni un hecho
individual ni un fenómeno de masas. Entonces es algo cuya potencia reside en el
anudamiento con esos discursos e instituciones y, en el mismo movimiento, en el
acto de subversión de esos discursos e instituciones.
En el marco del predominio del pseudo discurso capitalista,
la caída de los nombres del padre no puede ser pensada como un simple fenómeno
natural o un clima de época invencible y de fuerza mayor. Es necesario, y
deseable, echar luz sobre esos dispositivos orientados a la fragmentación de los
individuos y la disolución de los lazos sociales.
Sabemos que el circuito capitalista con su
voracidad es capaz de someter a casi todo, asimilándolo en su circularidad. Pero
también sabemos que ciertos residuos o restos no gozan de las propiedades de la
asimilación. Entonces el capitalista los pone en el lugar de la escoria. Y los
guardianes de los discursos y las instituciones, se encargan de dejarlos del
otro lado de la puerta. Nada novedoso hay en esta última función, la del guardián
(pero ¿a qué guardan si los nombres del padre caen? ¿a los cadáveres de esos
significantes amo? ¿al recuerdo de lo que fue y ya no es? ¿o al goce del guardián?).
Lo que importa es que esos restos inasimilables
pueden serlo en tanto movilizados por el deseo del anudamiento y la subversión.
En el camino de la escoria al residuo no hay cura ni salvación, pero sí puede
haber invenciones que permitan habitar ese deseo en su contingencia, en su
fragilidad. Y allí reside el desafío de la invención que, como tal, es un territorio
de borde, de incomodidad. La invención es un modo de escribir ese deseo, de anudarlo
y, a su vez, de ofrecer un mojón para el anudamiento de otros.
Desde hace un tiempo nos convoca la pregunta
por las contribuciones que la articulación entre política, derecho y psicoanálisis
pueden efectuar al análisis del terrorismo de Estado y sus efectos. Un interrogante
que no hace simplemente a un propósito académico, sino que anuda rasgos íntimos
de cada cual pero que en lo éxtimo de cada caso nos permite encontrarnos como
colectivo alrededor de esa pregunta.
Entonces, nuestro vínculo con el psicoanálisis
no pretende ser la escenificación de un vínculo teórico movilizado por las
ansias de asegurar lo real. Por el contrario, el saber a producir es pensado a
partir de habitar dispositivos que nos permiten experiencias singulares en
tanto analizantes, integrantes de grupos de investigación, extensión y cátedras
universitarias, analistas practicantes, gestores de políticas públicas, cartelistas…
En este marco, la cuestión
articulatoria pasa por permitirnos la inscripción en esos espacios sin ceder en
el deseo.
Jorge Foa Torres
Córdoba, mayo de 2017
Córdoba, mayo de 2017
[1] Este título contiene la búsqueda por reivindicar el legado de Enrique
Marí, aludiendo a su texto “Diferentes modos de acceso a la articulación entre
derecho y psicoanálisis” (C. Courtis -comp.-, Eudeba, 2009).
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