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Construyendo modos de articulación entre derecho, psicoanálisis y política [1]

El deseo se reduce a una caricatura si se lo pretende domesticado a los discursos y las instituciones. Concebirlo obediente del orden establecido no se corresponde ni con la enseñanza lacaniana ni tampoco con una voluntad emancipatoria. Pero ese deseo del que hablamos no es sin ese orden, no es una estocada esquizoide, providencial, por fuera del discurso.
Entonces ¿cómo clasificarlo? Cuando el deseo de saber no encuentra su lugar ni solamente en la política, ni únicamente en las instituciones lacanianas, ni exclusivamente en la universidad, exige la invención.
Pero, como sabemos, el deseo no es ni un hecho individual ni un fenómeno de masas. Entonces es algo cuya potencia reside en el anudamiento con esos discursos e instituciones y, en el mismo movimiento, en el acto de subversión de esos discursos e instituciones.
En el marco del predominio del pseudo discurso capitalista, la caída de los nombres del padre no puede ser pensada como un simple fenómeno natural o un clima de época invencible y de fuerza mayor. Es necesario, y deseable, echar luz sobre esos dispositivos orientados a la fragmentación de los individuos y la disolución de los lazos sociales.
Sabemos que el circuito capitalista con su voracidad es capaz de someter a casi todo, asimilándolo en su circularidad. Pero también sabemos que ciertos residuos o restos no gozan de las propiedades de la asimilación. Entonces el capitalista los pone en el lugar de la escoria. Y los guardianes de los discursos y las instituciones, se encargan de dejarlos del otro lado de la puerta. Nada novedoso hay en esta última función, la del guardián (pero ¿a qué guardan si los nombres del padre caen? ¿a los cadáveres de esos significantes amo? ¿al recuerdo de lo que fue y ya no es? ¿o al goce del guardián?).
Lo que importa es que esos restos inasimilables pueden serlo en tanto movilizados por el deseo del anudamiento y la subversión. En el camino de la escoria al residuo no hay cura ni salvación, pero sí puede haber invenciones que permitan habitar ese deseo en su contingencia, en su fragilidad. Y allí reside el desafío de la invención que, como tal, es un territorio de borde, de incomodidad. La invención es un modo de escribir ese deseo, de anudarlo y, a su vez, de ofrecer un mojón para el anudamiento de otros.
Desde hace un tiempo nos convoca la pregunta por las contribuciones que la articulación entre política, derecho y psicoanálisis pueden efectuar al análisis del terrorismo de Estado y sus efectos. Un interrogante que no hace simplemente a un propósito académico, sino que anuda rasgos íntimos de cada cual pero que en lo éxtimo de cada caso nos permite encontrarnos como colectivo alrededor de esa pregunta.
Entonces, nuestro vínculo con el psicoanálisis no pretende ser la escenificación de un vínculo teórico movilizado por las ansias de asegurar lo real. Por el contrario, el saber a producir es pensado a partir de habitar dispositivos que nos permiten experiencias singulares en tanto analizantes, integrantes de grupos de investigación, extensión y cátedras universitarias, analistas practicantes, gestores de políticas públicas, cartelistas…
En este marco, la cuestión articulatoria pasa por permitirnos la inscripción en esos espacios sin ceder en el deseo.

Jorge Foa Torres
Córdoba, mayo de 2017





[1] Este título contiene la búsqueda por reivindicar el legado de Enrique Marí, aludiendo a su texto “Diferentes modos de acceso a la articulación entre derecho y psicoanálisis” (C. Courtis -comp.-, Eudeba, 2009).

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